Claves para el aprendizaje de la lectura

Claves para el aprendizaje de la lectura

La neurocientífica Fumiko Hoeft, de la Universidad de California, ha estudiado por qué el aprendizaje de la lectura es fácil para unas personas y no para otras.

 

En anteriores posts en este espacio hemos hablado de cómo lee nuestro cerebro y de cómo aprenden los niños a leer. Hoy completamos estas informaciones haciéndonos eco de un estudio de la neurocientífica Fumiko Hoeft, de la Universidad de California San Francisco (UCSF), que ha investigado cómo aprendemos a descifrar símbolos abstractos y a traducirlos en sonidos con significado y por qué a algunos se nos da mejor que a otros; en otras palabras, por qué para algunas personas es fácil aprender a leer, y difícil para otras.

Recientemente Hoeft y sus colegas en la UCSF han publicado los resultados de un estudio en torno a la neurociencia básica para el desarrollo de la lectura. Entre 2008 y 2009, estos investigadores reclutaron a un grupo de niños de cinco y seis años. Parte de ellos tenían signos predictivos de dificultad en la lectura; otra parte parecía no acusar factores de riesgo evidentes. Los investigadores los sometieron a un escáner cerebral, y pusieron a prueba su capacidad cognitiva, su habilidad para seguir instrucciones o para expresarse coherentemente. Como complemento, llevaron a cabo un examen de los padres de los niños participantes en el estudio, así como de su vida familiar, para saber cómo pasaban su tiempo en casa, qué actividades desarrollaban, etc.

Tres años más tarde, volvieron a realizar un escáner a los participantes en el estudio y los sometieron a una serie de pruebas fonológicas y de lectura. Cuando Hoeft evaluó los factores que habían sido vinculados con las dificultades de lectura a lo largo de la historia -genética, ambiente, capacidades lingüísticas previas al acto de lectura y escritura y, sobre todo, capacidad cognitiva–, se encontró con que sólo una aspecto predecía consistentemente el aprendizaje de la lectura. En concreto, el crecimiento de la materia blanca en la región témporoparietal izquierda entre la escuela infantil (5-6 años) y tercer grado (8-9 años).

La sustancia blanca (o materia blanca) es una parte del sistema nervioso central compuesta de fibras nerviosas que contienen axones (partes de la neurona encargada de la transmisión de información a otra célula nerviosa). La investigación de Hoeft ha demostrado que el volumen de materia blanca en la zona témporoparietal izquierda es crucial en el procesamiento fonológico, el habla y la lectura. Si no se produce un aumento de la materia blanca en estos años, los niños tienen dificultades para ver las letras y luego convertirlas en palabras que tengan significado. Este descubrimiento se basa en investigaciones previas de la autora en torno a la dislexia. En posteriores publicaciones, Hoeft y su equipo abordarán las claves metodológicas para el desarrollo de la materia blanca en esta etapa clave en el aprendizaje de la lectura.

 

Fuentes: Lectura LabThe New Yorker.

 

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% Comentarios (2)

Leo emocionado estos textos, me interesa mucho saber sobre la secuencia de ellos, es decir, cuál apareció primero para saber el estado de la investigación de la Dra. Hoeft. Ansío saber acerca de «En posteriores publicaciones, Hoeft y su equipo abordarán las claves metodológicas para el desarrollo de la materia blanca en esta etapa clave en el aprendizaje de la lectura». Gracias.

Estimado Arnoldo, en este enlace puedes acceder a la información completa sobre esta investigadora así como a sus datos de contacto. Saludos cordiales, E.

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