Bebés y pantallas, dos caras de una misma moneda

Bebés y pantallas, dos caras de una misma moneda

El debate sobre la exposición de los bebés a las pantallas está abierto: ¿es positiva o perjudicial? Lo único que parece estar consensuado es que es una realidad.

 

De un tiempo a esta parte se ha abierto un debate sobre el impacto de la exposición de los bebés a las pantallas. Casi a diario podemos leer la prensa generalista y en los medios especializados artículos que abordan este tema, normalmente desde una perspectiva maniquea. Y mientras este debate parece perpetuarse sin llegar a ningún punto de convergencia, los smartphones y las tablets nos invaden y se sitúan al alcance de los pequeños que, desde los pocos meses de vida, quedan extasiados con sus destellos luz y con sus posibilidades de interacción.

 

 

La cuestión es que entre los contactos circunstanciales con estas pantallas o los meditados, y la imagen de niños y niñas enchufados en cualquier lugar y en cualquier momento hay un trecho importante. Y la decisión no está en venerar o demonizar estos artilugios omnipresentes, sino en aprender a hacer un buen uso de ellos. Las pantallas son sólo herramientas. En el uso que se haga de ellas encontraremos un beneficio o un perjuicio.

La primera premisa es la mesura. Las posturas extremas, tanto las que anulan o pretenden anular el contacto de los bebés con las pantallas, como las que los exponen de forma aleatoria o constante, son definitivamente erróneas. Las pantallas forman ya parte de nuestras vidas (al menos de la del 99.9% de la población mundial) y hemos de consentir, incluso, promover interacciones naturales y progresivas con ellas.

La segunda premisa es que estas interacciones deben ser acompañadas por el adulto mediador. Enchufar a los bebés a las pantallas mientras nos desenvolvemos en nuestros quehaceres domésticos, o para que se estén tranquilos en un lugar público es una aberración. El hecho de que los niños y niñas de cualquier edad puedan manejar de forma autónoma estos cachivaches no quiere decir que sean conscientes lo que están haciendo, que sepan seleccionar contenidos adecuados o que sepan sacarles partido.

Las pantallas pueden ayudar a los más pequeños a desarrollar numerosas habilidades, a adquirir numerosos aprendizajes… siempre y cuando les enseñemos para que así sea. Los canales de vídeo contienen numerosos contenidos de interés para los bebés, pero si no los acompañamos mientras los disfrutan, es muy posible que acaben consumiendo contenidos comerciales, incluso, inadecuados. Hay apps fantásticas, pero los bebés no van a aprender a sacarles partido sin más. Es importante que haya un acompañamiento para que, poco a poco, profundicen en su uso.

Algunas de estas herramientas digitales incorporan filtros parentales, pero dejar el control en ellas es un acto tan irresponsable como dejar solo a un niño en un parque porque está vallado. Más allá del uso intuitivo que cualquiera pueda hacer de las herramientas digitales está la comprensión y el aprendizaje de sus mecanismos, y es en esos en los que debemos enfocar nuestra atención como adultos mediadores.

Según diferentes encuestas y estudios los porcentajes de bebés menores de dos años que utilizan tablets y smartphones se están incrementando de forma constante y exponencial en los últimos años. En este contexto, las pautas respecto a la exposición de los niños a las pantallas que se han difundido hasta ahora parecen ser poco realistas. Es, sin duda, más razonable que empiecen a diseñarse y difundirse estrategias y recomendaciones acordes a la realidad en la que nos ha tocado vivir.

 

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