El ciberacoso es una de las grandes preocupaciones que tiene hoy la comunidad educativa. Pero no es el único problema al que se enfrentan los mediadores en relación con el uso que los menores hacen de Internet y las redes sociales. Y desde muchas instancias se invita a tener cuidado para prevenir los riesgos que puede suponer la Red.

“Cuidado” es un término de uso común cuando se habla de menores en relación con la Red. Pero empiezan a ser tantos y de tal magnitud los riesgos a los que los más jóvenes se pueden enfrentar en el entorno digital, que debemos empezar a hablar más de formación y educación en su uso, ¿no os parece?

El pasado día 7 de febrero se celebró el Día de Internet Segura. Por lo que estos días han visto la luz numerosos artículos relacionados con los menores en la Red. En ellos, se citan la (polémica) adicción a la Red y el ciberacoso como las mayores amenazas de los adolescentes en Internet.

Y la principal recomendación para los mediadores alude al control. El control de los dispositivos con acceso a Internet (smartphones, tablets, ordenadores, videoconsolas); el control de tiempo y las horas de uso; el uso de sistemas de control parental.

Y en medio de tanto control, alguna que otra sugerencias como no contactar con desconocidos ni proporcionar información personal. Sin embargo, no acabamos de ver una clara apuesta por la formación y la educación en el uso de la Red por parte de los menores.

Tenemos que entender el nuevo contexto de socialización en el que vivimos, y en el que viven los menores. Los índices de uso regular de Internet están por las nubes (y subiendo). También el porcentaje de registros en redes sociales. Los jóvenes (y no tan jóvenes) establecen numerosas relaciones de todo tipo, en la Red.

En este contexto, prohibir o intentar controlar el uso de la Red es un sinsentido.

El uso seguro de la Red pasa necesariamente por la formación y la educación. El control (u otro cuidado), si bien puede suponer una ayuda, nunca será la clave.

El ciberacoso, además, tiene unas particularidades que lo hacen todavía más peliagudo que el acoso. Es universal y accesible porque un gran porcentaje de niños tiene un móvil antes de los once años. En segundo lugar, es anónimo y es difícil de perseguir. Por otra parte, es planificable e incontrolable, puede tener un efecto multiplicador.

Finalmente, también puede ser muy sutil. Que ningunéen o bloquéen a un chaval en una red social o que le echen de un grupo de WhatsApp es una fórmula de exclusión. Y es una posible manifestación de ciberacoso. Y constituye una agresión psicológica que puede ser muy dañina.

De hecho, hay estudios que relacionan el ciberacoso con el aumento de los casos de suicidio y de depresión. Algunos dicen uno de cada tres o uno de cada cuatro tienen detrás un caso de acoso o de ciberacoso. Otros llegan a hablar del 40%. Y especialistas como Antonio Rial Boubeta afirman que uno de cada diez jóvenes ha sufrido ciberacoso de manera severa.

Una sola circunstancia en la que se realice un insulto, una amenaza o una burla es suficiente. Tanto si es en un grupo de WhatsApp entre amigos como si se produce ante tropecientos seguidores en una red social.

¿Cómo podemos detectar irregularidades en el uso de las redes por parte de los menores?

Bien, según una investigación llevada a cabo por  Antonio Rial Boubeta y su equipo en la USC, usar Internet durante más de cinco horas al día o pasada la medianoche pueden ser indicadores de ciberacoso. La mayoría de los casos de ciberacoso, además, se concentra entre los chavales que tienen perfiles en tres o más redes sociales.

El nivel de autoestima también aparece como un factor relevante. Hay casi tres veces más usuarios problemáticos entre los que tienen una autoestima baja. Y está asociada a una mayor tasa de conductas de riesgo mientras se utiliza Internet, como el contacto con desconocidos, el sexting o el grooming.

Los acosadores, por su parte, suelen tener también déficit de asertividad. Muchas veces no es el líder del grupo el que acosa en la Red. Es su seguidor acérrimo, que suele manifestar también un déficit importante de habilidades en la resolución de conflictos.

La ansiedad es una de las manifestaciones de situaciones de ciberacoso que debe llamar la atención del adulto. Si se detecta, de repente, miedo a Internet, crisis de angustia, dolores psicosomáticos, síntomas de depresión, tristeza, apatía, fatiga, falta de cuidado personal… hay que estar alerta.

También hay que fijarse y tener cuidado con sus hábitos de vida. Por ejemplo, pueden manifestar (también de repente) poco interés por actividades lúdicas o deportivas, bajo rendimiento escolar, pérdida de amigos, tendencia al aislamiento…

Los bullyvictims además tienen un patrón de riesgo en todo. Son los mismos problemas de base que con el alcohol y las drogas. Las tasas de positivos son mucho mayores en acosadores y acosados que en la población general.

Tan importante o más es que un menor sea acosado como que sea un acosador.

Hay que sensibilizar a los padres y madres de que sus hijos pueden ser acosadores. Y es más difícil de detectar porque no tienen síntomas.

Por ello, en casa hay que trabajar la autoestima, la asertividad y la capacidad para resolver sus conflictos. Así como la educación en valores. También es recomendable establecer límites en el uso de la Red y las redes sociales de forma complementaria.

La gestión del ocio es muy importante. Un niño que hace deporte y que lo hace vinculado a un club tiene menos posibilidades de ser acosador o acosado.

Y el problema no sólo no parece remitir sino que se apuntan otras cuestiones como la posibilidad de que los chicos se conviertan en hackers.

Contactar con desconocidos, quedar con ellos y visitar webs eróticas son las prácticas de riesgo más habituales entre los jóvenes. Incluso, utilizar webs de apuestas, a pesar de que sea una práctica ilegal para los menores. Pero, además, se habla de la posibilidad de que los chavales se conviertan en hackers.

Sí, habéis leído bien, vuestro hijo podría ser un hacker. Y en este enlace se apuntan algunos indicadores que pueden dar la voz de alarma, como que desde su ordenador se acceda a Tor (The Onion Router). Ahora, que también se enuncian otros poco fundamentados que pueden convertir a cualquiera en un hacker. Incluso, se incluye algún aspecto ofensivo, como que los niños con autismo y Asperger podrían ser más vulnerables.

En cualquier caso, resulte viable o no esta opción, la realidad es que la relación de los jóvenes con la Red es cada día más compleja. Afrontar este hecho y centrar nuestros esfuerzos en formarlos desde las primeras edades se hace absolutamente imprescindible si queremos protegerlos de forma efectiva.

Y son varias las fuentes que revelan que los niños no suelen recibir consejos sobre prácticas seguras en Internet por parte de los profesores. Así como que la preocupación de sus padres por los riesgos no siempre se les da la oportunidad de aprender a protegerse en la Red.

Es clave, además de tener cuidado, enseñar a los niños habilidades para que puedan hacer un uso crítico de Internet.

 

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