“Papá, mamá, cuéntame otra vez…”. Los estudios muestran cómo los niños y niñas valoran muy positivamente los tiempos de lectura.

 

A todos, grandes y pequeños, nos gusta contar y que nos cuenten historias; el ser humano, con mayor o menor habilidad, se pasa el día contando historias: a sus familiares, a sus amigos, en casa, por la calle… Los tiempos de lectura compartida son placenteros, y en la infancia aportan a los niños y niñas numerosos aprendizajes clave para su desenvolvimiento posterior. En familia, además, estas experiencias contribuyen a la creación de un muy vínculo especial entre padres e hijos. Por todo ello, es clave buscar y encontrar tiempos para la lectura compartida en el hogar.

En las primeras edades, los índices de lectura en el hogar son bastante amables, el problema suele venir cuando los niños y niñas empiezan a dar pasos firmes en la práctica de la lectura y a ganar autonomía. En este momento, muchos padres y madres dejan de acudir al reclamo “Papá, mamá, cuéntame otra vez...”, cuando sigue siendo recomendable que, además de que la lectura esté presente en sus actividades cotidianas, siga siendo un acto compartido en familia, para evitar que pierda su componente afectivo.

Según una encuesta llevada a cabo por YouGov para Scholastic, el 83% de los niños y niñas disfruta la lectura en voz alta, y un 68% considera estos momentos de lectura compartida en familia especiales. Frente a estos datos, una encuesta realizada por Settle Stories a 2000 progenitores, mostró que sólo un 4% lee a sus hijos de forma diaria, y un 69% confesó no hacerlo por falta de tiempo. Otra encuesta realizada por TomTom a 1000 padres con hijos de uno a diez años mostró recientemente que el 34% nunca había leído un cuento a sus hijos, el 29% afirmó salir muy tarde de trabajar, y un 26% culpó a los largos desplazamientos (Fuente: Goodereader).

Sin duda, nuestro ritmo diario complica la ejecución de este tipo de tareas, pero como todo, es cuestión de establecer un hábito. Al fin y al cabo, qué son diez minutos al día. Los perdemos al teléfono, frente a la televisión, mirando las musarañas… Además, la tecnología pone a nuestro alcance herramientas que pueden ayudarnos a ejecutar esta tarea, incluso, en la distancia. En este enlace encontraréis un ejemplo.

Leer en casa, tanto de forma individual como compartida, y transmitir a los niños interés y gusto por la lectura es un regalo que debemos tener más presente en nuestro día a día. Sus beneficios no sólo serán evidentes en sus primeros años de escuela sino a lo largo de todo su aprendizaje vital, y por tanto en su futuro profesional. Además, la familia tiene un ingrediente especial, cuasi mágico, para hacer que leer sea un placer y cultivar así la semilla de la lectura.

 

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