Ve la luz un nuevo estudio sobre el impacto del formato en la compresión lectora en los niños y niñas.

Estos días ha visto la luz un nuevo estudio realizado en la Universidad de Nueva York que demuestra que la comprensión lectora es la misma en papel que en pantalla en la etapa preescolar.

El estudio, financiado por Amazon, fue presentado hace unos días en la reunión anual de la American Educational Research Association en San Antonio, Texas.

Para la investigación se seleccionó a un grupo de 38 niños de 3 y 4 años. Y se les leyeron en voz alta cuatro libros, dos en formato impreso y dos en formato digital.

Una vez que los niños escucharon las historias, se les preguntó por diferentes aspectos de las mismas. Desde sus protagonistas a su desenlace, pasando por los aspectos clave de la trama. También se les pidió que ordenaran las distintas escenas que componían cada historia.

Los investigadores encontraron que no había diferencias significativas en los resultados. Y concluyeron que el formato no afecta a la comprensión lectora en estas edades. En contraposición a otros aspectos como la calidad y la claridad del mensaje; el acompañamiento del mediador.

Varios medios se han hecho ya eco de estas informaciones, así que poco tenemos que añadir más allá de nuestra defensa de trascender el formato y enfocarnos en lo importante:

  • los cambios que experimenta la lectura y los lectores,
  • la calidad y el valor de lo que leemos,
  • cómo buscar y escoger de forma eficaz, sensata y crítica en el conjunto de la oferta, impresa y digital.

El Dilema de la P de Papel y de Pantalla

El mayor reto no es otro que formar lectores competentes. Lectores que conozcan y se muevan entre todo tipo de textos, acostumbrados a leer en distintos formatos, avezados en surcar diferentes vías y canales, preparados para saltar de uno a otro cuando la lectura lo precise. Lectores capaces de descifrar todo tipo de códigos, de comprender los mensajes que nos transmiten, de enjuiciarlos y ser críticos con ellos. En definitiva, lectores del siglo XXI.

 

Fuente: ScienceDaily.

 

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