Javier Celaya y Elisa Yuste hablan de las enormes posibilidades en la producción de contenidos digitales para público infantil y juvenil en un artículo para la revista CLIJ | Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil.

 

Desde los 90, la tecnología ha ido transformando diferentes aspectos de la industria cultural (producción de contenidos, promoción…). Primero fue la música; luego el cine; a continuación, el periodismo. En muchos sentidos, los cambios resultaron devastadores y motivaron el surgimiento de nuevos modelos de negocio, así como la redefinición de los papeles de los diferentes agentes de la cadena de valor cultural.

El sector del libro ha sido el último de los sectores de la cultura y el ocio en incorporarse al proceso de explotación y comercialización de contenidos digitales, pero, al igual que el resto, se ha adentrado en la sociedad digital, e, independientemente de la controversia que en muchos casos suscita este hecho, la Red y los dispositivos electrónicos (eReaders, tablets, consolas…) han abierto todo un mundo de nuevas posibilidades a los creadores.

La incorporación de sonido, imágenes en movimiento, propuestas de interacción o juego (gamificación), sensores inteligentes, sistemas de recomendación basados en la satisfacción real, impresión interactiva, etc. a los materiales de lectura puede utilizarse, y de hecho se utiliza, como mero reclamo publicitario, pero también está dando lugar a ejemplos sobresalientes en los que se enriquecen la experiencia estética y la experiencia de lectura.

Los temores de los agentes tradicionales de la cadena de valor del libro en relación con esta revolución están motivando el que se estén dando pasos lentos en la disponibilidad de un catálogo amplio y variado de lecturas digitales (con todos los inconvenientes que ello conlleva); también han provocado que sean otros (los fabricantes de dispositivos, los agentes globales) los que ganen terreno en el desarrollo de esta oferta (de modo que los autores consagrados quedan poco representados en este escenario).

Además, la mayoría de los editores que se han decidido a dar el salto a lo digital, conscientes de que el texto va a ser servido en múltiples formatos para múltiples dispositivos, lo han hecho de forma “tímida”, es decir, digitalizando sus títulos sin aportar ningún valor añadido aprovechando las posibilidades que brinda la tecnología en este sentido. De hecho, el término ebook (libro electrónico, libro digital) ser refiere a una versión electrónica o digital de un libro o un texto sin más añadidos.

Otros, en cambio, han tenido en cuenta las capacidades de los nuevos formatos y dispositivos de lectura digital (conexión a la Red, localización geográfica y temporal, opciones de lectura enriquecida que permiten al lector interactuar haciendo búsquedas de forma automática, tomando notas, subrayando información de su interés y compartiéndola de forma simultánea en las redes sociales, textos líquidos, etc.), desde los inicios de la definición de un proyecto, motivando el surgimiento de nuevas formas literarias, cada vez más consideradas (muestra de ello es el Bologna Ragazzi Digital Award que se otorga en la Feria de Bolonia, y que este año ha sido para Love, the app de Pablo Curti).

Este último enfoque está lleno de posibilidades muy atractivas que han sido mínimamente exploradas, y que son especialmente prometedoras en lo que respecta a la producción para público infantil y juvenil (LIJ). De ellas hablan de forma profusa Javier Celaya y Elisa Yuste en un artículo publicado en el último número de la revista CLIJ | Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil.

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