Un estudio dirigido por el especialista John Hutton, del Cincinnate Children’s Hospital Medical Center, concluye que la lectura en la infancia estimula la actividad cerebral.

 

Un estudio dirigido por el especialista John Hutton, del Cincinnate Children´s Hospital Medical Center, concluye que la exposición a la lectura en la infancia, durante la etapa crítica de desarrollo previa a la guardería, tiene un impacto significativo y medible sobre la forma en que el cerebro de un niño procesa una historia, y puede ayudar a predecir el éxito en la lectura. Este hecho es de particular importancia para las áreas del cerebro que respaldan las imágenes mentales que ayudan al niño a ver una historia, y reafirma el papel inestimable de la imaginación.

En el estudio participaron diecinueve niños y niñas de entre 3 y 5 años, de familias con bajos ingresos, a los que se realizaron resonancias magnéticas funcionales (IRMf), que sirvieron para medir su actividad cerebral mientras escuchaban historias a través de auriculares y sin ningún estímulo visual. Sus padres y madres realizaron un cuestionario que ayudó a los investigadores a medir el nivel estimulación cognitiva en el hogar, en función de tres aspectos: la lectura de padres a hijos (acceso a la lectura, frecuencia de lectura y tipo y variedad de libros leídos); la interacción entre padres e hijos (comunicación y juego); y si los padres enseñaban o no habilidades específicas a sus hijos (como los números o las formas).

Los resultados mostraron que una mayor exposición a la lectura en el hogar está fuertemente asociada con la activación de aquellas áreas cerebrales que impulsan el procesamiento semántico, y que son críticas para el procesamiento del lenguaje oral y la comprensión lectora. Por otro lado, las áreas del cerebro que propician la la formación de imágenes mentales mostraron una activación particularmente fuerte, lo que sugiere que la visualización juega un papel clave en la comprensión de las historias y en la preparación para la lectura. Todo esto es independiente de la posición económica de la familia, lo que indica que la lectura en los primeros años de vida puede paliar las diferencias de estos niños y niñas respecto al resto.

 

Fuente: American Academy of Pediatrics.

 

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