Conjugar la adquisición de destrezas lectoras, el aprendizaje de la historia de la literatura y los grandes clásicos, y la promoción de la lectura es no tarea fácil. El problema surge en el momento en el que hay que anteponer el seguimiento de un determinado currículo escolar a los intereses y gustos de los chavales. Ahora bien, esta tarea no tiene por qué ser imposible.

Muchas de las personas que afirman no leer nunca o casi nunca, confiesan que no lo hacen porque no les gusta leer. En otro grupo podemos situar a las que tienen dificultades de acceso a según qué contenidos, como las obras de los grandes clásicos*. Si a estos les sumamos el que las lecturas a las que se tienen que enfrentar no responden ni a sus gustos, ni a sus intereses, además de no responder a sus capacidades lectoras, es fácil que, en muchos casos, estos lectores acaben pasándose al primer grupo.

En esta situación pueden encontrarse muchos jóvenes lectores que, si bien no tienen prejuicios y problemas para acercarse a cualquier tipo de lectura, se encuentran en las listas de lecturas obligatorias de su currículo escolar obras de grandes clásicos de la literatura que no tienen nada que ver con sus gustos e intereses, y que les suponen experiencias lectoras frustrantes por su nivel de complejidad.

En estas circunstancias, puede parecer imposible conjugar la adquisición de destrezas lectoras, el aprendizaje de la historia de la literatura y los grandes clásicos y la promoción de la lectura, pero no lo es. Ejemplo de ello es la experiencia llevada a cabo por la comunidad de usuarios de TES, conformada por casi ocho millones de docentes de todo el el mundo.

A través de esta plataforma, se llevó a cabo una encuesta a sus miembros sobre los cien libros indispensables para los jóvenes. El objetivo era crear un listado de recomendaciones de lectura que contribuyera a fomentar la lectura entre los jóvenes. En esa lista, encabezada por 1984 de George Orwell, también aparecen obras como El Señor de los Anillos y bestsellers de la literatura juvenil como la trilogía de los Juegos del Hambre, o cómics como V de Vendetta. Ahora bien, no aparece el clásico entre los clásicos de la literatura británica, William Shakespeare.

Los participantes en la encuesta manifestaron que les resultaba más efectivo acercar a los chavales a un libro como La naranja mecánica o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que a otras obras. La polémica puede estar servida, pero, en nuestra opinión, es más fácil acercar a Cervantes o Shakespeare a lectores consolidados a los que listas de recomendaciones de lectura alternativas, como la que hemos descrito, hayan reforzado sus destrezas lectores e inculcado el gusto por la lectura.

Por ello, a continuación, compartimos con vosotros algunos tips que esperamos os ayuden a acercar a los jóvenes lectores a los grandes clásicos de la literatura:

  • Informarse de obras y autores clásicos que gustan entre el público juvenil como, por ejemplo, Arthur Conan Doyle.
  • Hacer una selección de aquellos títulos que verdaderamente pueden despertar el interés del lector juvenil, teniendo muy presentes los identificados en el punto anterior, buscando afinidades, influencias, etc. Es fácil que de los relatos de Sherlock Holmes se pueda dar el salto a El nombre de la rosa, por citar un ejemplo.
  • Marcar un ritmo relajado de lectura y enfatizar la idea de que cuentan con total libertad para abandonar la lectura de una obra que no haya captado su atención o les resulte aburrida o muy difícil, animándoles a probar hasta encontrar ese clásico que los atrape (y del que nos valdremos para posteriores recomendaciones).
  • Fomentar el que los jóvenes compartan sus lecturas entre ellos, para aprovechar el potencial que tiene la recomendación entre iguales y los beneficios de actividades como la lectura compartida y la lectura social.

 

* El nivel de exigencia de una lectura (vocabulario, extensión) es el principal problema de acceso a ella. Según el barómetro del CIS publicado en noviembre de 2015, las principales razones por las que los lectores no leen El Quijote (que son aplicables a muchos grandes clásicos de la literatura) tienen que ver con la complejidad del lenguaje (66,2%) y su extensión (36,8%).

 

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