En según qué casos, asociar la práctica de la lectura con la diversión no es una buena idea. La lectura es una actividad compleja, exigente, que a muchos lectores les resulta difícil; incluso, frustrante. A continuación, compartimos algunos consejos para hacer de ella un hábito divertido.

 

La lectura en los primeros años de vida es juego y diversión, pero a medida que crecemos la lectura se convierte en una actividad más compleja y exigente, y puede pasar de ser un hábito divertido a convertirse en una actividad tediosa, incluso frustrante. Para mantener el interés y el gusto, el acto de la lectura ha de ser, ante todo, libre y no condicionado. Por eso te recomendamos:

Consejo 1: Lee lo que te dé la gana

Los lectores debemos elegir nuestras lecturas. A veces hacemos elecciones más arbitrarias (el color de una cubierta, por ejemplo), otras veces más meditadas, pero la tarea de selección forma parte de nuestro itinerario lector y es la forma de aprender a elegir y a dejarnos asesorar cuando lo consideremos oportuno. No importa que en nuestra estantería de casa haya obras cumbre de la literatura pendientes de nuestra lectura, que medios o personajes públicos reconocidos publiquen sus listas de lecturas imprescindibles, que en un momento determinado todo el mundo esté leyendo un mismo título, o que nuestro mejor amigo nos haya pedido que no le volvamos a llamar hasta que leamos la obra que nos ha recomendado… Tenemos que elegir la lectura que queremos hacer en cada momento atendiendo a nuestros gustos e intereses, pero también a nuestros estados de ánimo y a nuestras circunstancias en un momento dado, incluso, a la anécdota que hemos vivido un día concreto.

Consejo 2: Lee cuando te dé la gana

La regla dice que para adquirir un hábito hay que repetir una actividad de forma constante. Eso es genial, pero no siempre es posible. Empezamos el año, el curso, la semana, el día con nuestras mejores intenciones, con ese rato reservado a la lectura, pero luego todo se complica y pasa ese rato y no hemos tocado el libro (o la tablet). Pues no pasa nada, reajustemos la agenda sobre la marcha y saquemos un rato. No lo dejemos para mañana, o para el lunes, o para cuando comience el curso o el año. No es obligado reservar un horario determinado a la lectura. Hay estudios que afirman que unos minutos de lectura al día marcan la diferencia y todos podemos sacarle unos minutos a nuestro día: en la mesa mientras desayunamos, en el metro o en el bus cuando vamos al trabajo, en la cocina mientras se calienta la comida, en el salón durante los descansos de nuestra serie favorita, en el baño en nuestros ratos íntimos… Identifiquemos esos minutos y leamos.

Consejo 3: Lee como te dé la gana

En la cama, en el sofá, en el transporte público; tumbado, sentado, de pie…; con mucha luz o casi a oscuras…; en completo silencio o con la música a tope, también en voz alta. Independientemente de las recomendaciones que puedan dar los profesionales de la salud respecto a las dolencias de espalda o al deterioro de la vista, nadie mejor que uno mismo sabe cuál es la postura y la ambientación que más atractiva y más cómoda le resulta para la práctica de la lectura. También el tipo de lectura que quiere hacer de según qué obra: una lectura detenida y profunda acompañada de notas, una lectura ligera “en diagonal”; saltando capítulos, incluso sin llegar al final, si la obra se cae de las manos; y, por qué no, una relectura, si se considera la obra lo merece, que no se le ha sacado todo el partido, que puede ofrecer otra perspectiva o “si lo pide el cuerpo”. Cada lector es diferente, e, insistimos, para que la práctica de la lectura sea un hábito divertido (puede que no cuando el objetivo es otro), el acto de la lectura ha de ser, ante todo, libre y no condicionado.

Esperamos que estos consejos os resulten de ayuda. Y si queréis que estas lecturas sean más efectivas y enriquecedoras, os recomendamos consultar las tres claves de la compresión lectora.

 

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